Bodegas subterráneas en la Ribera del Duero

 

 

Una de las cosas más curiosas que puedes encontrar en la Ribera del Duero son las bodegas subterráneas. Cuevas excavadas en la piedra que custodian el vino ribereño desde hace siglos.

Que las bodegas de Aranda de Duero sean las más conocidas, no quiere decir que todos los pueblos que rodean la villa no cuenten con su versión de pequeñas (a veces no tan pequeñas) cuevas que recorren el suelo como madrigueras. A diferencia de la capital, los pueblos no cuentan con este entramado bajo su casco. La mayor parte de las bodegas se realizaban en zonas cercanas al pueblo en las que se aprovechaban los accidentes geográficos.

 

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Pero… ¿cuándo empezaron a construirse y por qué?

Se cuenta que a partir del siglo XIII se buscaba una manera de mantener el vino en las mejores condiciones posibles. Por aquellos años, Aranda, que era un lugar sustentado básicamente por la agricultura, comenzaba a desarrollar un gusto especial por el vino. La calidad de la uva cultivada en la zona y el desarrollo de buenos caldos (distaban mucho de la calidad actual) instó a los habitantes a buscar una manera de conservar grandes cantidades de este nuevo producto.

 

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La solución encontrada permitía mantener el vino a un nivel de humedad constante, además la temperatura oscilaba entre 11º y 13º, lo que suponían unas condiciones perfectas para la conservación de la bebida.

En Aranda de Duero las bodegas están descienden de 9 a 12 metros bajo el suelo y recorren alrededor de 7 km. Son más de 100 las que podemos encontrar bajo el casco histórico de la villa.

Durante el año 2013 se anunció desde las Consejería de Cultura y Turismo que las bodegas serían declaradas bien de interés cultural.